El accidente aéreo de la Marañosa

Monumento a parte de los fallecidos en el accidente aéreo que ocurrió en el año 57 en la Marañosa

Monumento a algunos de los fallecidos en el accidente aéreo que ocurrió en el año 57 en la Marañosa

El día 28 de octubre de 1957, a las seis de la tarde, el bimotor “Douglas” DC 3-47 de la compañía Iberia, que hacía el vuelo regular Tánger – Madrid, se estrellaba contra las trincheras del Barranco de Filipinas, cerca de La Marañosa (Getafe), unos minutos antes del previsto aterrizaje en el aeropuerto de Barajas. Murieron en el accidente los diecisiete pasajeros y los cuatro miembros de la tripulación.

Esta es la historia del avión que se estrelló en lo que hoy es el Tramo 3 del Parque Lineal del Manzanares, en el paraje del Barranco de Filipinas, conocido por los combates allí acaecidos durante la Batalla del Jarama. En la actualidad, la finca es conocida por encontrarse junto al Monasterio de la Aldehuela, aunque por motivos bien distintos a su origen medieval.

Este siniestro aéreo es un dato histórico desconocido por la mayoría y que desde el GIPL queremos recordar como acostumbramos, visitando el lugar y reconstruyendo poco a poco la historia del espacio que conforma la cuenca baja del Manzanares.

...su memoria acecha agazapada allí entre las retamas que pueblan los yermos taludes del Barranco de Filipinas...

"...su memoria acecha agazapada allí entre las retamas que pueblan los yermos taludes del Barranco de Filipinas..."

A las seis menos diez, el avión había comunicado por radio un incendio en el motor izquierdo, solicitando los preparativos para un aterrizaje de emergencia, ya fuera en Barajas o en el más cercano aeródromo de Getafe. Mientras tanto los miembros de la tripulación utilizaron el extintor del motor, aunque el incendio proseguía, cortaron el motor, pusieron la hélice en bandera para reducir la resistencia al aire, cerraron los magnetos así como el paso de combustible, pero el carenado de aluminio del motor se fundía en medio de una llama vivísima. El motor se desprendió y el ala izquierda se arrancó de cuajo. El contacto con el avión se perdió instantes después.

A pesar de la soledad del entorno, varios testigos vieron al avión incendiado intentando recomponer la ruta mientras caía vertiginosamente. Un pastor observó como, al caer la aeronave, salía de entre sus restos una persona enloquecida envuelta en llamas. Se disponía a ir en su auxilio cuando una explosión en el aparato lo hizo desaparecer de su vista. Incluso un avión de la compañía Aviación y Comercio, que volaba cerca del aparato siniestrado y que había establecido contacto radiotelegráfico con él, lo siguió y, después que hubo caído a tierra, dio varias pasadas a unos cien metros de altura, comprobando que el “Douglas” ardía totalmente.

Imagen del siniestro como aparecía en La Vanguardia Española, el nuevo nombre que los vencedores de la Guerra Civil impusieron al conocido diario.

Imagen del siniestro como aparecía en La Vanguardia Española, el nuevo nombre que los vencedores de la Guerra Civil impusieron al conocido diario.

Los restos del avión aparecían divididos en dos partes; de un lado el morro hincado en la tierra con el contenido macabro de la mayor parte de los cadáveres de los ocupantes aplastados entre el amasijo de hierros retorcidos; de otro el cuerpo destinado al pasaje, y alrededor de él restos humanos despedazados y calcinados. El motor siniestrado fue encontrado a seis kilómetros de la zona de impacto.

La compañía Iberia gozaba en aquella época de un gran prestigio en cuanto a las condiciones de seguridad de sus naves y a la formación de sus tripulaciones.

El avión disponía de veintisiete plazas para el pasaje aunque, en este vuelo, solo estaban ocupadas dicecisiete de ellas. La mayor parte de los pasajeros, once, era de nacionalidad española. Aparte de ellos, viajaban tres franceses, un matrimonio norteamericano y un marroquí, Driss Denaya, vicecónsul de Marruecos en Madrid.

El Sr. Denaya frecuentaba últimamente esta línea. Quizás el soterrado conflicto de Ifni le obligaba a ello. Los primeros avisos de la guerra habían aparecido en enero. El día 29 de ese mes, los rebeldes marroquíes arrancaron cincuenta metros de cable telefónico y dejaron incomunicado el puesto fronterizo de Tiliuín, al sur. A primeros de marzo, una bomba mató a un niño e hirió gravemente a su madre en Zoco el Arbag. El 6 de mayo mataron a tiros a un alférez indígena de la policía; el día 7, a un sargento, y el día 9, a un agente. El 12 de junio, en la calle principal de Sidi Ifni, asesinaron de un tiro en la espalda a un capitán de Tiradores de origen marroquí. El día 18 cortaron las comunicaciones telefónicas entre la capital y el puesto de Telata de Isbuía. El 10 de julio fue hallado el cadáver de un policía indígena. El 18 de ese mismo mes ardieron misteriosamente ochenta mil litros de gasoil almacenados en la playa de Sidi Ifni. El 10 de agosto, una patrulla española fue tiroteada cuando intentaba reparar la línea telefónica cerca de Tiguisit. Y el 16 de agosto se produjo el primer enfrentamiento armado entre los soldados y los rebeldes marroquíes: una columna que volvía a Sidi Ifni repelió una emboscada cerca de la capital. Cuatro rebeldes murieron y un español resultó herido.

El 23 de noviembre es la fecha oficial que se menciona como de estallido del conflicto, con el asalto general, por parte del Ejército de Liberación, a Sidi Ifni y a los puestos militares del interior de la colonia.

El siniestro del “Douglas” podría haber sido debido a un sabotaje inmerso en la dinámica del inicio de esta desconocida guerra.

Así al menos parece que nos lo quiere hacer intuir José Antonio Silva, que lo ha reflejado en su libro “Cómo asesinar en un avión” (Ed. Planeta. Barcelona 1981).

Según las investigaciones del juez instructor se determinó que el fuego se inició junto al motor izquierdo, en el espacio donde va alojado el tren de aterrizaje, que está separado del motor por un mamparo cortafuegos, y no hay allí nada susceptible de arder produciendo tal temperatura como para fundir la rueda izquierda, sus amortiguadores de acero y la bancada del motor que se desprendió. Jamás la gasolina ardiendo podía ser capaz de fundir como un soplete el metal y provocar su rotura. Estaba claro que un dispositivo incendiario de magnesio se activó por radio cuando el avión detectó la frecuencia del ILS de Barajas. La combustión del magnesio con el aluminio del avión produce 3.000ºC de temperatura, capaces de fundir cualquier estructura. El avión había sufrido un sabotaje perfectamente preparado por alguien que conocía la nave y su operatividad.

Trincheras en el mismo lugar del accidente. Tan sólo unos años antes de que el DC-3 se estrellara en más que extrañas circunstancias, los españoles se mataban en estas mismas lomas.

Trincheras en el mismo lugar del accidente. Tan sólo unos años antes de que el DC-3 se estrellara en más que extrañas circunstancias, los españoles se mataban en estas mismas lomas.

Que cada uno establezca sus propias conjeturas. Sea como fuere lo único que queda ahora en el lugar del impacto son las trincheras vestigio de muy cruentos enfrentamientos durante la Guerra Civil y un monolito dedicado a los fallecidos en el siniestro aéreo. ¿Dedicado a todos? No. El recuerdo solo va hacia los miembros de la tripulación. Los infortunados pasajeros del avión DC 3-47, de la compañía Iberia, matriculado EC-ACH, en línea regular Tánger – Madrid, cayeron en el olvido de los encargados de erigir este homenaje. Pero su memoria acecha agazapada allí entre las retamas que pueblan los yermos taludes del Barranco de Filipinas.

(Información extraída de los diarios ABC, La Vanguardia y El País, y del libro mencionado de José Antonio Silva).
Esta entrada fue publicada en Historia y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a El accidente aéreo de la Marañosa

  1. Juan Ramón dijo:

    Sencillamente maravilloso, desde hoy eres mi lider indiscutible.
    Bromas aparte, quiero felicitarte por el articulo, es interesantisimo.

    Gracias maestro.

  2. Ángel dijo:

    Excelente artículo de nuestro compañero Rufino, que con magistrales pinceladas retrata un momento de nuestra Historia, un tanto velado por estrategias del momento y sutiles formas de censura.
    Añado un dato, que si bien no tiene que ver con este tema, si guarda alguna concomitancia con lo luctuoso de aquellos hechos; como si siglos atrás algo se vaticinara ya por estos cerros…
    Justo en el lugar donde se alza el monolito, se encontró no hace mucho, un conjunto de restos cerámicos derramados en superficie, pertenecientes a varios platos de un ajuar romano de cerámica común de buena calidad, con fondo rebordeado (no Terra Sigillata).
    La proximidad de la villae rusticae de La Torrecilla, así como el hallazgo de varios enterramientos en los contornos, nos hacen suponer un ritual funerario, con comida colectiva incluida y amortización de la vajilla in situ, justo en la suave ladera donde aconteciera con posteridad el accidente.
    También pudo un acto violento o accidental acabar en la destrucción del conjunto de piezas de la vajilla sobre aquel cerro.
    Fuera como fuere, misterios cuyo velo alguna vez desgarrará cualquier nuevo aporte arqueológico, tan espontáneo y casual como este hallazgo mismo.

  3. Alfonso esteban morillas dijo:

    me gustaría contactar con vosotros ..
    un saludo.

  4. Amel benyahya Amor dijo:

    Soy la hija de Driss Benyahya fallecido en este maldito accidente diria yo SABOTAJE
    porque es mas que probable tal y como indica Silva en su libro.
    mi padre era consul y no vice-consul .

    mi familia ha sido victima de un atentado terrorista, pero creo que la que mas lo sufre soy
    yo, ya que quiero absolutamente saber quien y porque.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>